Una y otra vez oímos a nuestro alrededor las preguntas que la Humanidad se ha hecho desde que aprendió a comunicarse y a cuestionarse lo abstracto: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?
Bueno, pues yo quiero añadir otra pregunta: ¿Por qué nos lo preguntamos? Y de esta derivo alguna otra: ¿Acaso importa? ¿No podemos, simplemente, asumir que pudo ser todo una serie de casualidades? Eso es lo más sencillo, ¿no? ¿Por qué los hombres inventan un dios tras otro? Bueno, sí, para guiar al pueblo como a ovejitas, pero antes de eso debió de haber un sincero intento de encontrar una especie de "verdad" que respondiera definitivamente a todas esas preguntas.
En fin, que yo creo que, exista o no tal verdad (tampoco hay por qué caer en el escepticismo), tampoco es imprescindible encontrarla. Al fin y al cabo, el género humano lleva siglos poblando la Tierra, buscando esa verdad, sí, pero sin encontrarla. Aunque puede que ese sea el fin con el que algún ser supremo nos colocara en este nuestro Universo: buscar una verdad inalcanzable, hasta el momento de la extinción de nuestro sol. ¿Por qué? Pues porque no tendrá Canal+, supongo. Tampoco hay que darle muchas vueltas.
Por otra parte, la teoría del Big Bang estuvo interesante, bien trabajada y eso, pero no es del todo sencillo para la mayoría de la población concebir en su cabeza que todo el Universo conocido y por conocer estaba resumido en una insignificante microesfera de sopa cósmica y que, sin venir a cuento, estalló en una Gran Explosión (Big Bang) conformando lo que conocemos como un eón (unidad de tiempo cosmológica de un billón de años). Y es en ese eón que vivimos, y aún hoy podemos escuchar los ecos de aquella explosión, además de comprobar cómo los límites del Cosmos se expanden.
Probablemente mi lección de cosmología no haya sido muy acertada pues, si es la Cosmología lo que os interesa, no deberías estar leyéndome a mí, sino al divulgador Carl Sagan (famoso por la serie de divulgación Cosmos: un viaje personal). Al fin y al cabo, lo que yo pretendía decir es que no importa tanto de dónde venimos o a dónde vamos, como qué podemos hacer para dirigirnos a un sitio u otro. Carpe Diem, que dicen algunos. Vivir el momento, aprovechar cada instante, sin preocuparnos de si procedemos de una explosión de una sopa instantánea al principio de los tiempos o de un ser todopoderoso y benefactor que, encontrándose solo y aburrido, decidió inventar la vida caduca, efímera. Hace falta ser tétrico.
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